El descanso es un derecho. Miles de personas murieron defendiendo que nosotros pudiéramos irnos de vacaciones. Ahora puede parecer cotidiano, pero es nu poco ilógico que se nos pague por no trabajar. Y sin embargo eso pasa con las vacaciones, no curramos y nos pagan. Claro que yo hablo por hablar, no trabajo en nada serio, bueno, quiero decir permante y seguro, vaya. Así que tampoco sé muy bien qué se siente cuando te ingresan las extras. Lo que me parece increíble es que hayamos olvidado de dónde venimos. Cada vez hay más gente que pasamos de política, que pasamos de pensar, que no slimitamos a tragar. Hoy me he levantado revolucionaria. Pero es que hasta yo me he vuelvo indignida ante ciertas situaciones. No sé, creo que la tertulia de anoche en casa de mi rubia me sentó mal, mejor dicho: el porro que me fumé. Se ve que todavía me duran los efectos. Yo es que no estoy nada acostumbrada. Me siento fatal, lo que pasa es que tiene esa cosa de elemento grupal, de buen rollito de amigos que cuando estoy en una de esas ruedas que se forman para fumar, acabo fumando. El problema es que si abuso (más de tres o cuatro caladas) me pongo malísima. Es casi la única droga que me permito, además del alcohol, porque el tabaco no me gusta, lo encuentro tonto, las pastillas varias me rayan muchísmo y me dan miedo, los ajos no digamos, y la farlopa es demasiado cara y de moda como para que me caiga simpática. A lo mejor es que soy una chica sana, y no lo sabía. |